Educación

Síndrome de Hybris: descripción y tratamiento

En estos tiempos en los que todo es posible, donde el narcisismo y la ambición no tienen límites claros o son ilimitados, una enfermedad milenaria, como un virus durmiente desde la época griega, se ha activado e infectado a la gente, como tantas otras vistas en los medios y en vida diaria. Es necesario describir esta enfermedad, que se desarrolla como un síndrome, y su posible tratamiento o desenlace.

Hace miles de años, en la época griega clásica, se redactó el Corpus Hipocratus, sobre cuál debe ser la conducta de quienes ejercen una profesión.

Hoy, los programas de formación se orientan hacia las competencias necesarias para el ejercicio de la profesión. Es competente quien demuestra ser capaz de realizar una actividad bastante bien y en más de una ocasión, haciéndola sin supervisión ni control constante. Eres competente demostrando que una actividad se realiza bien y manteniendo esta capacidad a lo largo del tiempo.

Alguien es competente cuando tiene un balance de tres habilidades que se le han enseñado: conocimientos, habilidades y valores. Los conocimientos, destrezas y habilidades se aprenden durante la carrera pero, al ser procesos evolutivos, deben mantenerse en un aprendizaje constante a lo largo de la práctica profesional. Las actitudes y comportamientos tienen su origen en los primeros años de vida, marcando el carácter desde muy temprano, es decir, cómo se afrontará la vida.

A las actitudes primarias se añaden las actitudes secundarias, que se logran con la maduración biológica humana. Son estos los que se adquieren en el transcurso de la vida e implícita y explícitamente durante la formación profesional, por lo que el mejor aprendizaje en actitudes y valores se logra con el ejemplo de los ancianos que participan en la formación profesional de los más jóvenes, dando el ejemplo donde la ética está presente. mostrado como una experiencia. Cuidar los valores y las actitudes en la práctica diaria de los formadores vale más que muchos tipos de ética.

Uno de los peligros que puede afrontar el profesional es olvidar que entre los valores que debe mantener está el de dar amistad al cliente, porque se confía en el amigo: es la filia griega. Debe demostrar caridad, el griego ágape, tener compasión, que es ponerse en el lugar del otro, respetarlo.

En el curso de la formación médica o en la práctica profesional, se pueden adquirir diferentes enfermedades, se toman las llamadas precauciones universales para minimizar este peligro.

En el valor, el profesional puede verse afectado por una enfermedad del comportamiento, descrita por los griegos como atacada por el hibris. En el pensamiento ético y religioso griego, la presunción exagerada conduce a un exceso de acciones, es el híbrido, la venganza de dios, némesis, del orgullo y la soberbia desmesurada de quienes sufren de híbridos.

Hibris es la personificación del atrevimiento, de la transgresión de las normas generales admitidas por la comunidad. Se produce una cadena determinada por el cansancio, la insolencia y luego viene el castigo (némesis) como consecuencia final por llevar un ego enfermo de híbridos.

El enfermo de hibris presenta estos síntomas:

1. Exceso de confianza en sí mismo.

2. Impaciencia constante.

3. Falta de atención a los detalles.

4. Creerse insustituible.

Estos síntomas conducen al síndrome híbrido, también llamado Hybris o Hubris, caracterizado por el afectado:

1. Evaluar una situación con ideas fijas preconcebidas. Rechaza cualquier signo contrario a sus ideas.

2. No puede cambiar su comportamiento. No aprovecha la experiencia.

3. Trata a los demás con arrogancia.

4. Tiene un comportamiento marcadamente narcisista.

Esta enfermedad tiene dos epílogos posibles: termina en lisis (disolución), luego viene la némesis (castigo) y la destruye, o termina en crisis, donde el enfermo de híbridos se da cuenta lentamente de su estado y corrige su comportamiento a partir de un aprendizaje transformador, encontrando el valor correcto de sí mismo y el valor de sus semejantes, de los demás, adquiere humildad, dignidad y respeto para sí mismo y los demás.

La cuestión es no tener recaídas, porque llega la némesis y las destruye.

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