Sociedad

¿Qué haremos por los pobres?

En el mundo dos terceras partes de la humanidad es pobre. Cada tres personas dos son pobres. Ustedes tienen una gracia especial al pertenecer a un hogar con cama, luz, comida, tv y ropa.

Jesús nace pobre en el establo de la casa de Belén y vive pobre en Nazaret. No nace pobre por casualidad, sino por designio de Dios: el Hijo de Dios debe compartir el dolor con la humanidad. Así, puede entender el sentido de “salvar” a la humanidad.

En realidad, suceden catástrofes naturales que tocan a pobres y ricos: tsunamis, ciclones, huracanes, temblores. Hay otras causadas por el hombre: Chernobyl (1986), Goiana (1987), Fukushima (2011) (desastres nucleares) y la contaminación de aire y mar.

Nuestros hermanos de Puerto Rico han sufrido el huracán más terrible de la historia: vientos de 300km/h y diluvios inesperados causaron la destrucción de casi toda la Isla. Ahora ellos viven en la pobreza y además tienen la desgracia de que más de 300.000 jóvenes abandonaron a sus padres y a su patria y se fueron a los Estados Unidos.

Monseñor Enrique Hernández es el obispo de los pobres en Puerto Rico. Durante 24 años nos envió ayuda ara la parroquia y ahora es él y su gente quienes necesitan de nosotros. Cada uno considere en su consciencia si puede celebrar la fiesta de Navidad sin acordarse de estos hermanos que han perdido todo. También nosotros podemos elegir la pobreza, pues nunca se sabe cuándo nos tocará la calamidad.

Esa actitud de pobre comienza desde ahora: basta de fuegos artificiales para Navidad, basta de regalos caros y comilonas. El niño Jesús desnudo y pobre preside nuestras mesas. No se dejen contagiar por la sociedad rica: hagamos casas y mandemos comida a quienes ahora dependen de los demás. Dejemos la compra de celulares caros.

Para Reyes pidan de regalo unos dólares. Usemos zapatillas comunes, Dejen las gaseosas y convirtámoslas en paquetes. Feliz quien ayuda al golpeado por la hecatombe. Un católico de veras, sufre por los niños hambrientos, la gente sin ropa ni calzado, los techos volados, las casitas abatidas, y las pestes que aparecieron. Cuando ayudamos a un pobre, sepamos que Jesús nos devuelve el doble.

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