Testimonios

Ponerse un delantal

Cuando el Papa me hizo prelado de honor, me envió un regalo. No lo supe usar hasta el día de hoy, en que tantos amigos, feligreses, conocidos han venido para esta celebración de alegría y esperanza, con motivo de mis 80 años.

¿Quieren verlo? (me moví un poco y busqué el regalo). Cuando lo mostré: “Ohhh”, dijeron ustedes. Les estaba mostrando un delantal que tenía bordado un pescado, el símbolo de los primeros cristianos.

¿Cuantos de ustedes se han puesto un delantal en los últimos tiempos? Algunos levantaron las manos. “Ponerse un delantal es un asunto serio. Significa que estamos por hacer algo importante. Un delantal es como un uniforme – un uniforme que exige servicio especial en favor de los demás”. Por eso valoro tanto este regalo. El Papa me está diciendo que he sido servidor en los últimos sesenta años, desde que comencé en el hospital Pirovano en 1954. Servidor es también lo que he querido ser para ustedes en las parroquias y comunidades adonde el Señor me mandó.

Sin embargo, sólo no puedo ser servidor. Necesito de los demás. Cada uno de nosotros tiene que ponerse un delantal y subirse las mangas del pullover o la camisa para preparar comidas y Misas y prédicas o instrucciones. Los necesito a ustedes. Somos todos servidores de Dios y de los demás.

Eso hizo Jesucristo, Dios hecho hombre, en la noche antes de morir. Se puso una especie de delantal, como hago yo cada jueves santo cuando me pongo un tohallón grande al rededor de mi cuerpo y se inclinó hasta el suelo para servir a sus amigos y discípulos. Ese es Dios y debemos imitarlo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *