Educación

Objeciones a la limosna

No sé que hará una persona pobre con la limosna que le doy. Tampoco sé que hará alguien con el regalo que le doy. Es posible que con mi limosna el pobre la malgaste en vino. Y también es seguro que mis conocidos desprecien los objetos o libros que les regalo.

Por eso, no me importa que me critiquen por dar limosna a cualquiera que entre a San Gabriel. Me dicen que fomento el alcoholismo o la pereza entre los mendigos y pedigüeños. Pero nunca me dicen que las personas con buenos sueldos pueden hacerse alcohólicas o perezosas. Me dicen que cada uno hace con su dinero como quiere. El único caso en que no se puede hacer eso, me dicen, es dar limosna al pobre; y justo ése es el único caso en que soy consciente de lo que hago.

Cuando se cometió el crimen más horrendo de la historia humana, el crimen que trajo tinieblas al mundo y terremoto, Aquel que tenía todo el derecho de quejarse de esos criminales sólo dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Es verdad que no sabemos lo que hacemos.

La caridad de una limosna no es una recompensa a quien la merece, sino es dar un poquito de felicidad a los tristes. Actualmente parece que sólo hay dos opciones: o ayudamos con dinero ( o le compramos cosas) a personas que no conocemos; o ayudamos a instituciones “caritativas” que tampoco conocemos. Estoy convencido, y lo venimos haciendo aquí en San Gabriel, en la F. Diakonía y en otra partes desde hace muchos años, que la caridad es humanitaria, comprensiva, simpática y generosa. La caridad tiene que ser caritativa de veras. Hemos enviado toneladas de alimentos, ropas, herramientas, instrumentos, bicicletas, zapatillas y mil cosas más; y nunca pedimos comprobantes de lo que hacían con todo eso. “Hacer el bien sin mirar a quien”.

No conozco si existen métodos para comprobar si el que recibe mi limosna me dice la verdad. Lo único que no dicen es que con mi limosna se van a comprar una botella de vino y pan, aunque me pidieron para otra cosa. O sea que el pobre que aparece por aquí es un mentiroso, dicen mis críticos. Todos los demás pueden ir a comprar pan y vino, cuanto quieran, y no son mentirosos, según los mismos.

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