Liturgia

Nuevas obras de misericordia espirituales

Ayudar al desanimado

1º. No dejar solo al desanimado. Es lo peor. En cambio, saber acompañar y recordarle todo lo bueno que le sucedió. Los gratos recuerdos ayudan mucho a levantar el ánimo. Pensar que si llevamos a un desanimado a otro lugar le hará bien, es sólo empeorarlo.

2º. Hay que empezar en la niñez cuando damos la herramienta del coraje en medio de las dificultades.

3º. Es preciso amarse a sí mismo. La estima de uno mismo, conociendo lo que vale, es indispensable. Además hay que mantener relaciones familiares y sociales: no se trata de la cantidad de amigos que uno tiene si no de la calidad que poseen. Un buen amigo te levanta el ánimo con su palabra cortés y bondadosa.

4º. También hay que impulsar al encuentro con la comunidad religiosa. Sin la oración y el silencio interior es imposible superar ciertos dolores que abaten a una persona. La comunidad no requiere que uno se haga conocer de todos: te ayuda por sus cantos, sus oraciones, y su música.    5º. Hay que evitar decir a mucha gente que uno está desanimado. Hay que habituarse a conversar de las situaciones interiores con una persona a la que consideramos con autoridad moral para escucharnos. El diálogo con personas calificadas, con sacerdotes expertos en lo humano puede ayudar a retomar la vida y empezar de nuevo.

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