Espiritualidad

No desesperar cuando de pronto llega un cambio drástico

Somos más valiosos que las cosas que nos pasan

Cuando experimentamos un colapso

Mucha gente experimenta un colapso tremendo como el que Jesús profetiza. El mundo que conocían se viene abajo. Asesinan a tu hermano que estaba en su kiosko. Se viene abajo el valor de la moneda. Un cambio imprevisto y traumático es cosa de todos los días. Esos cambios suceden rápido, pero la transición es un proceso lento. Nos cuesta adaptar nuestra cabeza a los cambios. Tenemos que hacer el duelo de lo perdido. Hay que mirar hacia algo nuevo.

Vivir en la transición

El problema es que cuando estamos en medio de la transición no podemos ver lo nuevo. En el circo eso pasa a los trapecistas: vuelan hacia el centro aferrados a un soporte y cuando están en el medio deben dejar el soporte y agarrar el nuevo que le tiran del otro lado. Por unos segundos quedan en el aire. Nuestra conducta depende de la duración de ese tiempo en el aire. O comemos demasiado o nada. Nos hacemos haraganes o adictos al trabajo. Nos callamos si debemos hablar y hablamos cuando debemos callar. Decidimos decir la verdad y luego la tapamos con una mentira. Nos molesta que nos pregunten como estamos y nos ofendemos si no nos preguntan eso. Alguien viene y te dice: “La vida sigue” .

¿Qué dicen los maestros espirituales?

Cuando estamos en medio de una transición, nos damos cuenta que somos mucho más que lo que nos ha sucedido. Y que el tiempo de crisis tiene su potencial. Es la sequía en el campo: no vale la pena protestar, hay que esperar. Dios no se alegra de nuestra crisis y nos sostiene cuando estamos en el aire. Nos acordamos de Dios cuando estamos en dificultades, y luego nos olvidamos. Hay que aprovechar el tiempo presente y no desesperarse pensando en el futuro.

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