Catequesis

Los canguros locos

Había una vez unos canguros, esos animales que llevan a sus hijitos en una bolsa que tienen delante de su cuerpo y se llama marsupio. Los canguros casi nunca llevan a sus hijos, sólo las canguras cargan con los hijos. Los canguros no caminan sino corren y escapan. En primavera los canguros machos se ponen loquitos y andan corriendo buscando cangura.

Cuando encuentran alguna no la dejan tranquila por horas y horas. Se olvidan de comer y de dormir, y al fin se mueren.

Un día el Arcángel Gabriel se presentó a los canguros machos y les dijo: Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios. Tengo que decirles algo. Los canguros machos dijeron: ¿Qué hicimos mal?

Repuso el Ángel de María: Si queridos canguros. Ustedes se vuelven locos para unirse a las canguras y pierden tanto el control de si mismos, que ni comen, ni duermen, y terminan muertos. Son muy exagerados.

Los canguros machos replicaron: Tenemos ese instinto tan inmoderado, pero no podemos ir contra él. Deberías, más bien, hablar con los seres humanos: ellos tienen la razón y no la usan, y son peores que nosotros. El Ángel dijo: Ah… Es cierto. Los humanos son muy descontrolados, les falta moderación y templanza. No usan la cabeza para pensar y se dejan llevar por sus apetitos, sin pensar en las consecuencias. La culpa la tienen los papás y las mamás de los humanos que nunca les enseñan a ser templados y moderados en el sexo y en la comida. Espero que los papás y mamás escuchen mis consejos y que no sean gente sin control.

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