Educación

Las cosas de Dios y las cosas de los hombres

¿Cuál es la marca de la nueva humanidad?

Las cosas de Dios

La Santa Misa es la forma más perfecta de oración que la comunidad de los fieles presenta a Dios, Padre de nuestras naciones. Por esta oración queremos las cosas de Dios y no los defectos de los hombres. Tenemos que rogar que Dios intervenga en nuestros bretes y en malestar de nuestra nación. Las cosas de Dios son la fe, el coraje, ser considerado el último, ser servidor, y hacer el bien a todos.

Las cosas de los hombres

Algunas parecen simples y otras terribles. Las cosas de los hombres son: la falta de fe, el miedo, salvarse uno aunque mueran los demás, tratar de ser rico, pisotear a la gente, y hacer daños. Entre esos daños están las violaciones a los derechos humanos, como hay en la Argentina con este gobierno: asesinatos, torturas, lesiones graves, persecuciones, hostigamientos, represión y violencia. Más grave aún: los responsables de los derechos humanos, incluso de la Iglesia, guardan silencio, o se dedican a alabar a la depravación. Se vive una etapa nacional de mentiras deliberadas que impiden cualquier diálogo. Se abusa de la gente, se utilizan falsos anuncios y cifras, como hizo Hitler, se incita a la agresión. Se enseña a los chicos que la “lucha” es la gran fuerza de la historia, según la ideología marxista. Las leyes las dictan los poderosos. Se divide al pueblo en amigos y enemigos, como el alfabeto de la política. Se desprecia el diálogo. El Estado argentino tiene 3 poderes: pero el ejecutivo se cree el Estado.

La marca de una nueva humanidad

La Argentina está cansada, inquieta y doliente: deseamos justicia, dignidad, justicia, paz, respuesta a las necesidades. A nuestro gran pueblo lo ven hoy aliado de los totalitarios, denunciado por cientos de casos contra los derechos humanos. La economía está hundida. Estamos dando bolsones de 8 productos de comida para los nuevos pobres de la clase media que no llegan a fin de mes. Y a los cristianos, nos llama Dios a buscar caminos para encontrar los corazones de la gente. Servir a Dios significa hablar de los males que nos aquejan como peores que la fiebre china. Estas cosas tienen que mostrarse para poder curarlas. La marca de una nueva humanidad es la valentía.

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