la memoria vive de los ritos
Liturgia

La memoria vive de los ritos

Los ritos no son sólo actos repetidos. Tienen viva la memoria cultural de un pueblo. Cuando se recuerda la historia de su país, debe recordar los ritos populares como una matriz física. Porque los ritos tocan el cuerpo de un hombre. Para pasar los relatos del pasado uno debe usar cada sentido y sentimiento. Sucede si uno se arrodilla o se postra o recibe la ceniza o es rociado con agua. El hombre aprende en su físico el sentido de ese momento sacro y no lo olvida.

Los ritos más eficaces no varían y no son gestos de la vida diaria, ni tampoco los cantos, el lenguaje, ni la música. El todo es raro o singular. Son cosas que el cuerpo sabe, p.e. pegarse el pecho para pedir perdón (nos pegamos un golpe en la frente si nos olvidamos algo), ver el humo del incienso que sube y hace funcionar nuestra fantasía, poner una flor para honrar a los difuntos, prender un cirio. Los ritos forman un todo que modelan el corazón de un hombre.    No bastan los ritos, si no van con la doctrina correcta. No se hacen ritos por experiencia estética, sino como memoria de lo que pasa con el cuerpo. Ese es el modo que Dios puso en nosotros: recordar la pasión y torturas de Jesús, su muerte en la cruz, su sepultura, su resurrección, el Fuego que envía. La memoria de lo que pasó Jesús está en nuestros huesos y sabemos que algo afín nos pasará. Por eso se dice: es la memoria de la Fe. Y responden: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, y esperamos tu Venida. (In 13)

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