guia y consejo septiembre de 2019
Guía y consejo

Guía y Consejo, 01 de septiembre

Los ritos católicos

Los ritos católicos llevan a los creyentes a desear  la unión con Dios. La base de esos ritos es Jesús, que nos da su mensaje en los Evangelios. El impulsa las ganas de cambiar de vida, de calma y de humildad.  Los ritos católicos, entre la gama de las culturas, guían a adorar al Hijo de Dios y a participar de los dones que El nos logró. Ya no se trata de llenar antojos de comida, sino el suspiro por lo eterno y por una felicidad que ninguna compra puede lograr.

En la historia de la Iglesia hay una cantidad de ritos. La mayoría se basa en la Biblia. Así por ejemplo los ritos de cada domingo o fiesta comienzan con el juntarse formal de la comunidad venida para el culto santo; sigue con la lectura de la Palabra de Dios; la celebración de la Consagración y la Comunión; y la partida de la comunidad. Cada rito se acompaña por cantos o música. Al irse la comunidad cada uno debe volver a vivir con Cristo en sus labor fija.    Así la liturgia del domingo es una junta de católicos para unirse con Dios y con sus hermanos en la Fe, por  la Palabra leída en voz alta y su Sacramento. Y se manda a los fieles al mundo: Vayan en paz. Yo los envío como ovejas entre lobos. Conserven la alegría.

Los ritos católicos Osvaldo Santagada

Nuevas obras de misericordia

Corporales

1ª. Ducharse a menudo para evitar la depresión

2ª. Dormir lo necesario para poder tener buen espíritu

3ª. No contar enfermedades para no provocar la  lástima

Es un ansia obsesiva por aclarar a los demás los males que se padecen. Ese hombre valora sin cesar sus problemas corporales y siente miedo de estar enfermo de algo grave. Más lo cuenta, más se enferma. Hay grupos enteros que se contagian de esa pena y caen uno tras otro en algún mal real.

Para esto ayudan los médicos que abultan los síntomas para seguir teniendo pacientes. Que su presión está alta, que su urea no tiene el valor normal, etc.  La gente entonces comenta sobre su presión y sun urea, sin saber lo real. Hay falta de pudor en contar esos detalles para que los demás tengan lástima del pobre estado  en que se halla el que habla.    Los que oyen sienten lástima por el que narra eso. La lástima no es una virtud, sino un vicio. Tener lástima es pensar que el otro es un pobre tipo, cuya soledad, aunque viva con familia, lo lleva a contar con detalle, cada uno de los males que lo aquejan. A veces es tal el miedo que sienten que deben operarse de tres temas a la vez. Y lo peor es que llaman contando con minucia para que nuestros rezos lo ayuden a sufrir con calma sus plagas. Hay que evitar caer en eso: si se habla es con uno solo, que posee altura moral para oír y es capaz de  bajar la angustia.

3ª. No contar enfermedades para no provocar la  lástima

Carmen Torquiaro de Caffa

Falleció el 24 de julio pasado. Nos enteramos hace poco. No tenemos otros datos. Pero es un deber decir algo de esta mujer leal desde la primera hora. Carmen fue la única que se atrevió a dudar de la falsedad que dijo la entonces directora de la Cofradía de la lana. Esa mujer se llevó a un grupo de mujeres débiles a otra parroquia y traicionó la confianza puesta en ella, cuando no acepté un informe de 15 líneas por 10 años de actividad. Carmen vino de frente y me planteó el tema, y le respondí con la verdad. Siguió en San Gabriel hasta que su físico no pudo más. En los últimos años le llevamos la Comunión y estábamos conectados por carta y por los llamados de su hija Cristina. La parroquia pierde a una puntal, a quien el Señor le permitió llegar a una edad provecta. Que descanse en paz!

El desorden de los cristianos

Nuestra conducta moral es confusa. Pensemos en el olvido de ancianos y enfermos dejados en las manos de los médicos. Nos infecta la pereza. Nos “cerramos” en casa para usar la internet o calmarnos del trabajo emulando a los chicos en los jueguitos. El Espíritu Santo nos llama al amor y somos egoístas. Vivimos contentos con lo material, el consumo, lo sensual y la sospecha. Aceptamos sin chistar la lógica sin control del dinero. El hombre que vive de “sensaciones”, es difícil que tenga valor para las “certezas”.

Parisot habló de la “Iglesia espectáculo” y daba tres imágenes de Iglesia: la imagen querida (la nuestra); la imagen entregada (los medios); y la imagen proyectada (la de la gente). Queremos que nos definan como servidores y la imagen proyectada es la de poderosos. Muchos miran a la Iglesia como un organismo de jefes, que hablan sin cesar no sólo de dogma y moral, sino de todo. Eso no cabe en el gusto de la gente, celosa de su autonomía, su libertad de mente y de acción. El único mérito que se concede a la Iglesia, es dar servicios solidarios, culturales, educativos.  Esta imagen es el efecto de unos factores conexos: los medios, el ego, y el sentirse mal ante la mística. No interesa qué es la Iglesia, sino para qué sirve: su rol es servir.  Se valora a la Asistencia pública: nadie la ama.    El desorden cristiano es olvidar la naturaleza de la Iglesia y su rol de anunciar a Jesús, hacerlo presente, adorarlo y vivir con El. El orden es saber qué es lo primero.

Agradecimientos a los benefactores que hicieron el Nuevo Atrio

Acerbi, Elena – Bres, Rubén y flia. – Burghi, Susana – Caparruva, Bautista – Cardaci, Ana María – Casado, Marisa – Cervantes, Irene – Cicchitti, Daniel y Celia – Conforti, Ana Mónica – De Aloysio, Alberto – De la fuente, flia – Di Francesco, Néstor y Teresa – Gozalez, Héctor – Grossi, Diego H – Kisluk, Gloria – Lamas, Dora – López, Aída Florinda – Mazzei, Teresa – Mendoza, Rita Inés – Mercadante, Leticia – En memoria de Juana Ritacco – Hernandez Angelina – Fontevivo Natalia – Gnisci Lucy y Silvana – Ortiz Leonor – Ponce Dina – Valiño Fabián – Villafañe Mónica

El destino

La gente quiere orden en los dramas de la vida. ¿Por qué algunos mueren de mala manera? Seguro que ese sino se debió a sus enormes pecados. Dios los castigó por mano de otro. Así creen.

Así marcha la mente: todas las penas vienen porque lo quiere Dios. Entonces los finados del boliche Cormagnon eran malos, los finados del tren en Once eran malos?  

Por eso, Jesús alude a la torre que se cayó  y mató a 18 personas. ¿Creen que fue la mano de Dios que los penó, usando una torre con barro malo. La razón más probable es que murieron porque eran malos?

Allí, Jesús dice un tajante: No. Dejen de pensar así. El sino de la  vida es nuestro, no de Dios. Y añade: Si no cambian de vida, morirán. El destino lo tenemos en las propias manos.

A Jesús no le interesan las razones abstractas de las penas, sino la decisión  de cada uno. Cada uno debe mirarse a sí mismo para conocer la voluntad de Dios. Hay que dejar de mirar hacia fuera y juzgar a quienes sufren como más pecadores que uno. Si la sal pierde su sabor, sirve sólo para tirarla y pisotearla. Si no damos frutos espirituales, vamos a morir peor que en los dramas de la vida: ganaremos  la  condena sin fin.

Un comentario

  • Ozzie Santagada

    Me agrada que figuren los nombres de los benefactores que hicieron el techo del atrio. El que hacía el trabajo cobró una cifra abultada, pero nos dejó la deuda de renovar las paredes. Suele pasar. Gracias por este medio a quienes ayudaron. Confiamos en el Señor porque a nuestra vez ayudamos a los más pobres de la Argentina.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *