Amor y Alegría

El Peregrino del mes de junio

Tráfico de niños africanos

   Empieza con un mimo, una risa y una promesa: Este tío te llevará a un Paraíso, donde comerás cada día e irás a la escuela. La familia vende al niño al “tío”, que después mostrará su cara maldita. Encerrados los chicos en una casa de ciudad, los venden por unos pesos a otro “tío”. La geografía social de África cambia con este tema: este tráfico es uno de los 3 negocios más ricos del mundo (drogas, armas y niños).

   Mandan niños y niñas a preparar las copas de fútbol: si un empleado adulto gana pocas decenas de dólares, una nena virgen de 14 años puede valer, usada en los burdeles, unos miles de dólares por día, por una comida.

   Hay una red mundial de mafias poderosas que raptan a los chicos en Ruanda, Burundi, Zimbabue, Angola, Zambia, Namibia, Mozambique y otros países. No hay leyes ni estadísticas. Para luchar contra esto sólo hay buena voluntad. Por semana roban 300 chicos, 10 mil por año: la punta del iceberg.

   La mayoría de los chicos acaba en un pozo negro. Es una trata de inocentes. La mayor parte de África es campo y pocas ciudades: sólo ranchos sin luz ni agua. La única riqueza son los hijos: hasta 10 por casa. Las madres tratan de nutrirlos pues los padres se alejan por labor o pereza.  

   Hacen trabajar a los niños. La gente rica tiene niños para la labor de la casa. A menudo esos chicos terminan en la calle, comprados como esclavos. Todos tienen el mismo destino, desde los 6 a los 18: toparse en un burdel, en una mina, o como obreros del campo. Los feos pueden hallar el destino horrible de ser matados y los pedazos de sus cuerpos vendidos a los marchantes de órganos, o a los feticheros que los usan para la magia negra.

   La policía hace lo posible, pero no tiene teléfono, ni PC, ni mesa. Viven apenados por este repulsivo tráfico. Llegan las copas de fútbol, con sus perversiones, y allí la lucha recién empieza. (GFI 12).

Cenizas que dan vida

Por Margaret Silf

 

   Cuando tenía 13 años cada noche soñaba lo mismo. Soñaba que la capilla lindera se quemaba. Podía sentir el calor de las llamas, tan vivas era la imagen.  Al despertar corría a la ventana: esperaba ver la capilla hecha cenizas.

   Pero la capilla seguía en su lugar, impasible. Comencé a pensar en ella como una zarza ardiente. Me parecía un milagro que, pese a que el sueño se repetía, nunca perdía yo el sentido de pasmo al ver que había perdurado otra noche.

   Hoy hay un incendio distinto en la Iglesia: llamas de traición, humo oscuro de secretos, furiosos vientos, que alejan a la gente. ¿Qué

clase de fuego es este? Los incendios que arrasan los pastos de Australia, dejan desastres y muchas víctimas inocentes. Excepto las semillas de eucalipto: no pueden abrirse y germinar hasta que la intensidad de un incendio forestal las toca. Es un fuego purificador, refinador, que deja el pasto pelado hasta sus huesos, aunque sea posible un nuevo crecer.  

    ¿Es una purga lo que ocurre en la Iglesia actual? Si fuera así, ¿qué resistirá y qué acabará? ¿Pueden las llamas de esta limpieza convertirse – por la Gracia de Dios – en una nueva Pentecostés?

   Un joyero amigo me contó su visita a un platero. Le mostró como la plata se mantiene en el fuego hasta que se purifica. ¿Cómo sabe que ya está lista?, preguntó. Es fácil, respondió. Cuando la plata está bien refinada, puedo ver mi imagen en ella. Así sé que ya es hora de sacarla del fuego ¿Cuándo podrá Dios mirar a la Iglesia y ver otra vez su imagen reflejada en ella?  (GFI 15)

El hombre que se va haciendo hombre

  ¿Cómo es la realidad del hombre? Dios nos da el ser de hombre: hay algo constante en cada uno, varón y mujer, incluso el que por un motivo tuviera una traba para que ese ser se revele. Hay, además, algo variable: es la historia de cada uno. Lo constante es don de Dios con la concepción y el parto. Lo variable es la tarea que nos hace “más hombre” cada día. 

   Los seres históricos progresamos y crecemos en sabiduría, en edad y en gracia (como se dice de Jesús) en un escaso ámbito social y cultural. Es un progreso desde abajo: se crece y llega hasta el nivel de la decisión. Antes debe pasar por tres niveles: la experiencia (1º), la comprensión (2º), y la reflexión sobre la verdad (3º). El 4º nivel es decidir si la realidad es buena o mala. En este nivel se da la libertad, la que elige el bien, y la que nos hace mejores. Por el uso de la libertad resolvemos conflictos, el único modo de ser más hombres. Podemos llegar a ser en verdad únicos, cuando optamos por los valores genuinos.

   Hay dos bases que tocan el proceso de madurez: 1º Forma comunitaria de la vida íntima del hombre (nadie se hace sólo, sino en grupo); 2º El papel creciente de los sentimientos.

   La base comunitaria se descubre fácil porque cada uno pertenece a una serie de grupos y debe fidelidad a su familia, su patria y su religión. La familia es la primera comunidad que forma la libertad. El florecer de uno comienza por transmitir afecto en la infancia, y sobre ese afecto puede el niño recibir y atesorar poco a poco los valores de sus padres, su patria y su religión. Los niños nacen en una cuna de afecto. Por una larga marcha de vida social, cultural y educativa salen del mundo de caprichos y olvidos, a crecer nivel tras nivel.

   La base de los sentimientos depende del celo de los padres hacia el hijo para darle una calidad de sentimientos unidos a los valores que esos padres dan junto con su amor. Demos gracias a María y a José por haber dado a Jesús los valores de su familia, su pueblo y su religión en los albores de su vida. María y José hacen que Jesús comparta sus sentimientos con la gente: se apena con la viuda de Naím, la mujer que sangra, y la muerte de su amigo Lázaro. (GFI 13.5)

Activar el cerebro

   Hoy se estimula de modo eléctrico los nervios de la lengua. Esto hace hablar a los enfermos de esclerosis múltiple. ¡Y también cantar! Antes de empezar ese estímulo en el Taller de vínculos táctil y neuro corrección, un experto de la voz dijo: los enfermos de esclerosis luchan 50 veces más que los demás para poder decir una palabra. La esclerosis impide que los nervios manden actuar a los músculos y órganos. La mielina que cubre los nervios degenera, e impide la ruta normal de los impulsos. Este mal es agresor, y daña el cuerpo.

   Las sesiones de estímulo duran 20 minutos. Se aplica un estímulo eléctrico a la lengua que descarga millones de impulsos. Dos nervios mayores de la lengua están unidos al cerebelo, la parte de atrás del cerebro que controla el ritmo cardíaco, el respiro y la consciencia. No damos valor a esas cosas, pero sin ellas no se vive. El estímulo recibido en el cerebelo, repara las neuronas. No tratamos la esclerosis, sino recobramos las labores dañadas por ella. El cerebro es capaz de cambiar y sanarse.

Bach pensó que el cerebro se sana solo. Por los años ’60 nadie pensaba eso, pues se creía que el cerebro se fijaba una vez por todas en la adultez y no podía cambiar. Esa idea era falsa. A fines de los ’50, el padre de Bach tuvo un infarto. Los hermanos Bach lo hicieron barrer el corral, en vez de ponerlo en un asilo. El padre recobró las labores dañadas por el infarto.

Al estimular la lengua el cerebro se sana.

   Los impulsos de la lengua van al cerebelo y de allí: o van a otras partes del cerebro a través de las rutas de neuronas; o estimulan nervios del tejido, que luego llega al tálamo y mueve el cerebro; o estimulan neuronas del cerebelo, que producen y difunden serotonina y otros  químicos. Así el cerebelo ordena la acción muscular, el equilibrio, y manda mensajes a ojos y oídos, y señales a los músculos del respiro, voz, habla y tragar.

   Cuando se empieza a educar, el equilibrio, la memoria y la atención mejoran. Ahora estudian el efecto sobre el mal de Parkinson. Estimular la lengua mueve los nervios trigémino, facial, glosofaríngeo y vago. Se activa la lengua con el canto, exagerando las consonantes. Sabemos que el canto está ligado a la salud. Ahora hay que usar cada Misa para recobrar las neuronas. (GFI 16)

¿Qué se hace con nuestro donativo a la Iglesia?

   Para la gente, rica o pobre, invertir en lo bello y la cultura es sólo un gusto que uno se da.

   Pero ¿qué es el donativo para obras de bien o de cultura? Es nuestra entrega a los bienes culturales. El mural, los vitrales, retablos e imágenes, los objetos del culto, el edificio: todo es un tesoro irrepetible que cuidamos porque son nuestros, y de la humanidad.

   Yerran muchos creyentes, al pensar que dar algo para mantener ese tesoro, o para que haya música y flores, es sólo una “limosna”.

   ¿Por qué están errados? Porque cuando damos para esos bienes culturales, somos como un motor de progreso económico. Porque movemos a ayudantes, oficios, expertos, técnicos, y competentes, que no importamos de ningún país. Creamos un flujo argentino. Más aún desde esta parroquia, movemos la economía del país, como los empresarios y agricultores.

   En efecto, el sociólogo Giovanni Gentile presentó estas cifras indiscutibles: cada 100 $ que damos para los bienes culturales presentes o futuros, se activan 250 $ en el sistema económico real. Nos falta sabiduría de apuntar a las cosas para las cuales se necesita tiempo. Tener conciertos o publicar esto, es valorar algo que la gente no tiene idea.

   Invertir en mantener una iglesia y crear bienes de cultura, no toca sólo a mí. Sí, los fieles se apoyan en el custodio, pues confían en que sabe hacer lo necesario y lo hará bien. Pero cada uno debe captar que se hace algo público, no privado. Si alguno les pregunta: ¿Qué hace?, contesten: Soy empresario. Parece broma, pero es real que ustedes son productores de bienes culturales y elevar a la sociedad. Hay que apoyar las iniciativas y que sean aún más eficaces. Estaba loco el que dijo a un párroco: “Que se ocupen las mujeres de lo que usted inventa”.

   Al valorar lo que hacemos, sea pintar paredes, unimos la simple economía parroquial y la economía del país. Alabemos a los creyentes que se dan cuenta que hacer algo es dar trabajo a gente que hablará de nuestra labor, pues tuvieron trabajo digno durante meses.  

Prácticas de la fé

   Sin las prácticas católicas, las palabras que decimos son viento que pasa y nada queda.

   En un grupo de padres legos sobre la Fe, el cura intentaba con razones que aceptaran la doctrina, y la pasaran a sus hijos. Por la gente la reunión iba al fracaso. Entonces el cura los llevó ante una imagen de Luján, dio un cirio a cada uno y pidió que hicieran lo que él iba a hacer: prender un cirio, levantarlo y pedir a Dios el favor que precisaba. La mujer más dura del grupo comenzó a llorar mucho, desde que iluminó su cirio. Todos se pasmaron, pero nadie habló. Hay gestos y prácticas que tocan el alma más que las palabras inteligentes.  

   Se necesita que Dios mueva las almas para captar la Biblia. Somos sensibles y por eso es valioso enseñar las prácticas católicas a los fieles, niños y grandes. La Fe se ha pasado durante 20 siglos con esas prácticas, y hoy necesitamos volver a hacerlas.

   Hay algunas prácticas que se deben pasar en la familia desde la niñez:

1º El pudor para honrar nuestro cuerpo como templo del Espíritu Santo;

2º Desprenderse de las cosas superfluas y dar a los pobres lo bueno que no se usa;

3º Comer con calma y guardar comida para los necesitados.

4º Cuidar el mundo;

5º Ahorrar para tener para los necesitados;

6º Imaginar lo bueno que se puede hacer;

7º Trabajar con excelencia;

8º Jugar de modo limpio;

9º Usar el tiempo con sabiduría;

10º Buscar la Verdad;

11º Decidir lo bueno;

12º Conservar los amigos;

13º Ser hospitalarios;

14º Conocer las etapas del perdón;

15º Hacer la justicia;

16º Saber decir Sí o No;

17º Cantar el amor de Dios;

18º Formar la comunidad;

19º Guardar el Domingo;

20º Bendecir a los otros, en especial a los enfermos;

21º Orar según los diversos modos de oración;

22º Aceptar la Cruz en la vida;

23º Trabajar para madurar. (GFI 12)

La importancia de viajar

    Claudio Magris dice que cada viaje para ver el mundo, hace que cada uno se descubra. No vamos por el mundo para descubrirnos, pero el carácter define el modo de ver el mundo, de comprenderlo o no; de la altitud para vivir junto a los demás, de entrar a otros mundos que pueden fascinar o turbar.

   El modo de ser es así. Pero no vivimos solos, hay que mirar a los otros, a los paisajes, a otros estilos de vida, a juzgarnos, ver los nuevos valores, saber cuál se acepta y cual no, a cuidar los propios.

   El viaje es el drama en el que se va en busca de sí mismo, pero no por amor avaro, sino porque somos capaces de mirar a los otros. Es como la amistad o la gente amada: no se piensa en uno mismo, sino en los demás. Y el modo como se vive ese hallazgo es básico.

   El viaje puede ir bien o mal, como la vida. A veces se revisa la torpeza para entender, pero hay unos lugares que nos hablan —y lugar es también la gente, porque un lugar no es un arenal—, hay lugares que nos hablan, porque sabemos los sucesos de allí. La sala donde murió Kafka habla, porque se sabe que ahí murió. Y hay lugares que quedan mudos porque en la charla, la traba del viajero y del encuentro mismo, no dan vecindad.

   El viaje mismo es como el flujo de la mano que escribe y el pie o la pierna que camina, porque el viaje real se hace a pie, cuando se va por las calles y se mira a la gente, cuando uno se pasma o se asusta, y en el fondo uno se descubre tal cual es.

Remedios para ese pasatiempo

    Antes se dijo que los que creen en Cristo no se notan ni por el lugar donde viven, ni por cómo hablan, ni por la ropa, sino por su estilo de vivir en el amor.

   Nos toca no sólo vivir con coraje la fe, y tratar de llevar esa fe a la vida con orden, sino además meter la Fe en la cultura y el marco donde actúa.  

    Ante la crisis de hoy, y para salir fuertes de ella, hay que tener a mano unos “fármacos” y “antídotos” útiles para mejorar a la Iglesia y preparar la misión que uno tiene de cara al futuro.

   Ante todo, hay que sanar nuestra conciencia y rehacer la vida del alma, y volver a los valores básicos.   

Dostoiewski, en Los Hermanos Karamazov, ante la pregunta de una mujer: ¿cómo recobrar la Fe?, hace decir a un monje esto: ¿Cómo? Con el amor, que lo rehace todo. Trate de amar al prójimo con ganas. Si va progresando en el amor al prójimo, le será fácil hallar a Dios y saber que su alma es inmortal. Si alcanza la plena bondad en su amor al prójimo, creerá con ilusión y las dudas no podrán rozar su alma

Tiempo de contradicciones

Los avances técnicos y sociales nos ponen en una hora alta de los hombres. Todo parece posible y el hombre se piensa todopoderoso.  La vida de hoy nos acelera tanto que nos hace a ir de aquí para allá sin freno y sin respiro.

Además, cada uno está inmerso en una parálisis interna. Esa parálisis nace del miedo a hacer frente a este nuevo mundo que se acerca con paso ágil.  

La técnica nos lleva a un mundo sin bordes que no es posible mandar, aunque en el lugar físico cada vez hay más muros. Parece que hay mucho contacto por las redes, y hace rato que no se invita a casa y no se sabe el nombre del vecino. Nos gusta la técnica y nos preocupa a la vez ver como traga tantos puestos de labor. Se alarga la vida de la gente mayor y se grita a favor de matar embriones. Hay más casos de esta ambigüedad que nos chupa.

Una de los efectos de esta parálisis es volver a la gente insensible. Vemos como si nada las terribles cosas que pasan. Hoy vemos por tele o internet, al comer calmos un sándwich, como se matan niños. Ya está metida la indiferencia global.

Como cristianos hay que abrir los ojos. Sin estar alerta, quedamos ciegos sin poder dar luz a nadie.

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