El destino
Santagada

El destino

La gente quiere orden en los dramas de la vida. ¿Por qué algunos mueren de mala manera? Seguro que ese sino se debió a sus enormes pecados. Dios los castigó por mano de otro. Así creen.

Así marcha la mente: todas las penas vienen porque lo quiere Dios. Entonces los finados del boliche Cormagnon eran malos, los finados del tren en Once eran malos?  

Por eso, Jesús alude a la torre que se cayó  y mató a 18 personas. ¿Creen que fue la mano de Dios que los penó, usando una torre con barro malo. La razón más probable es que murieron porque eran malos?

Allí, Jesús dice un tajante: No. Dejen de pensar así. El sino de la  vida es nuestro, no de Dios. Y añade: Si no cambian de vida, morirán. El destino lo tenemos en las propias manos.

A Jesús no le interesan las razones abstractas de las penas, sino la decisión  de cada uno. Cada uno debe mirarse a sí mismo para conocer la voluntad de Dios. Hay que dejar de mirar hacia fuera y juzgar a quienes sufren como más pecadores que uno. Si la sal pierde su sabor, sirve sólo para tirarla y pisotearla. Si no damos frutos espirituales, vamos a morir peor que en los dramas de la vida: ganaremos  la  condena sin fin. (in 9)

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