el desorden de los cristianos
Santagada

El desorden de los cristianos

Nuestra conducta moral es confusa. Pensemos en el olvido de ancianos y enfermos dejados en las manos de los médicos. Nos infecta la pereza. Nos “cerramos” en casa para usar la internet o calmarnos del trabajo emulando a los chicos en los jueguitos. El Espíritu Santo nos llama al amor y somos egoístas. Vivimos contentos con lo material, el consumo, lo sensual y la sospecha. Aceptamos sin chistar la lógica sin control del dinero. El hombre que vive de “sensaciones”, es difícil que tenga valor para las “certezas”.

Parisot habló de la “Iglesia espectáculo” y daba tres imágenes de Iglesia: la imagen querida (la nuestra); la imagen entregada (los medios); y la imagen proyectada (la de la gente). Queremos que nos definan como servidores y la imagen proyectada es la de poderosos. Muchos miran a la Iglesia como un organismo de jefes, que hablan sin cesar no sólo de dogma y moral, sino de todo. Eso no cabe en el gusto de la gente, celosa de su autonomía, su libertad de mente y de acción. El único mérito que se concde a la Iglesia, es dar servicios solidarios, culturales, educativos.  Esta imagen es el efecto de unos factores conexos: los medios, el ego, y el sentirse mal ante la mística. No interesa qué es la Iglesia, sino para qué sirve: su rol es servir.  Se valora a la Asistencia pública: nadie la ama.

El desorden cristiano es olvidar la naturaleza de la Iglesia y su rol de anunciar a Jesús, hacerlo presente, adorarlo y vivir con El. El orden es saber qué es lo primero.(15)   

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